viernes, agosto 12, 2011

Voy en camino...

La vida cambia. A veces la vida debe cambiar.
Agosto trae el incio de ese cambio.

Veamos en que estoy: a raíz de este problema de columna, la visita a médicos, fisioterapeutas y otras especialidades se ha vuelto una actividad casi diaria. La próxima semana comienzo la hidroterapia dos veces por semana.
También tuve la primera consulta con la nutricionista y la internista para atacar el tema de la obesidad. Tengo que bajar cuarenta kilos (eso sería para volver a mi mejor peso histórico, meta que tal vez sea imposible así que me contentaré con 35).
A partir del próximo miércoles voy a unirme a un grupo de obesidad amén de empezar a ordenar las comidas, incluso antes de empezar una dieta propiamente dicha. Estas primeras semanas estarán dedicadas a poner en orden mi relación diaria con los alimentos y empezar a desterrar todos los malos hábitos: basta de comer entre horas, basta de llevar comida a la compu o a la cama, adiós a comer realizando otra actividad. Nada de comer porquerías entre comidas.
Hola a las frutas, a más verduras, bienvenida gelatina para las colaciones y muchos líquidos; anoche comí mi última hamburguesa casera estilo Alvaro (una de las especialidades de mi esposo...)
A su vez tengo otras consultas por delante: cardiólogo, cirujano, seguir con los neurocirujanos por la columna y realizar varios análisis de laboratorio, para nombrar lo que está más próximo en el tiempo. Hoy comencé un seguimiento de dos semanas de control de presión arterial, ayer estaba un poco alta pero en el primer control de esta mañana había vuelto a la normalidad.

Por lo tanto, voy en camino. El otro gran cambio es el de cabeza y estoy esforzándome por comenzar a pensar distinto. Hay que replantearse cuáles cosas son realmente las prioritarias, cuáles sirven como excusa para hacer o dejar de hacer y, además, lograr que otras personas entiendan en qué está uno ahora. No se si mi familia entiende aún en su totalidad lo que viene para adelante. Hasta ahora, y durante los últimos diez años, mamá se encarga de todo, es la responsable de la mayoría de las cosas prácticas de la casa y es la primera en dejar sus cosas de lado en pos de actividades, horarios o gustos de los otros. Ahora mamá quiere y debe reordenar su vida y más de una vez adelantar varios casilleros en la fila hasta quedar primera. Espero que no sea muy difícil de entender y acompañar.


lunes, agosto 01, 2011

Agosto comienza bien

para arrancar el mes y la semana, este 1 de agosto, llegó con buen impulso desde la mañana. acaban de llamarme del consultorio para fijarme cita con las doctoras. primero tengo con la nutricionista y luego con otra...
me entusiasma pensar que comenzaremos a delinear un plan definitivo para atacar esta enfermedad.
si ayer estaba medio bajón, esta llamada fue el aliciente que necesitaba para comenzar la semana con bríos. esperemos que la hernia de disco siga evolucionando como hasta ahora pero la consulta del once no me la pierdo por nada!!!

sábado, julio 30, 2011

Los otros no entienden...

Muy poca gente es capaz de la empatía real. (Del vocablo griego antiguo εμπαθεια, formado εν, 'en el interior de', y πάθoς, 'sufrimiento, lo que se sufre')
El interior del sufrimiento o de lo que se sufre...
En estos últimos veinte años yo he pasado por distintas circunstancias que me han llevado a estar en el interior de lo que se sufre.

Fui madre soltera a los 18 años (en 1989), cuando todavía esto era visto por la sociedad como merecedora de la letra escarlata. Nunca fui de amedrentarme o dar un paso atrás, así que a apechugar y para adelante y crear las barreras suficientes para que me importe un pito lo que piensen o comenten los demás (o por lo menos que así parezca).

Fui mujer trabajadora en ámbitos netamente masculinos (por actividad y número) y tuve que aprender a lidiar con pseudo bromas y un sinfin de cosas que hoy se conocen como acoso moral, acoso laboral, acoso sexual, stress y otras yerbas. Pero en aquel momento no existía nada de eso y a callar y tratar de llevar la cosa lo mejor posible porque de lo contrario la pérdida del trabajo estaba asegurada.

Fui mucho más inteligente y capacitada para el trabajo que muchos de mis compañeros o lindas compañeras; sin embargo más de una vez quedé relegada o postergada, o ganando menos y haciendo más, simplemente por ser mujer o ser mujer más fea que tal otra...

Fui madre nuevamente, muchos años después y en otras circunstancias, de una prematura extrema. Viví un montón de experiencias que nunca imaginé y que tenían como protagonista a una pequeña luchadora de 800 gramos que a brazo partido salió adelante sin ninguna consecuencia adversa. Pero el caso de Sofía es uno en tantos otros que no terminan de la misma forma. No todos los padres de prematuros y sus chicos tienen mi suerte, por así decirlo.

Fui muchas cosas más... pero desde hace diez años también soy gorda. Soy gorda de cuerpo y también de cabeza a esta altura. Lo que al principio comenzó casi sin que yo me diera cuenta se fue transformando en una verdadera (y literal) bola de nieve.

Uno se mira en el espejo, nota algunas redondeces en lugares estratégicos pero al principio siempre recurre a aquello de que cualquier día de estos me pongo a dieta y listo... Así empezó, creo. Después lo que comentaba en el post anterior: llega un momento donde uno (y todo el entorno) se asombra de la situación y es ahí donde yo traté de empezar a hacer cosas. Claro que probé con dietas. No de revista ni de fórmula mágica. Fui a la nutricionista, comenzaba, bajaba, me alegraba hasta que llegaba una meseta de semanas donde el descenso se estancaba y ahí cualquier cosilla funciona como excusa para dejar y volver al aquelarre. Igual siempre habrá tiempo de volver a empezar una nueva dieta.

Hasta que un día te das cuenta que ya no es un tema de voluntad. Algo pasa que comés en toda y cualquier circunstancia. Si estás nerviosa, comés. Si estás contenta, comés algo. Si estás triste, obvio que comés algo rico para levantar el ánimo. Te despertás de noche y cuando querés acordar, y sin hambre real, te encontrás frente a la heladera ya con algo en la boca y preguntando por qué rayos estás comiendo a las tres o cuatro de la mañana...

Por supuesto que tener claro este panorama y verlo hacia atrás es un proceso que yo recién he comenzado. Ahora recién pienso en las miles de veces de madrugada, de tarde o a horas insólitas, que me encontré asaltando las existencias de comida. Ahora es cuando pienso en el largo espiral de subidas y bajadas de peso para volver siempre a la misma situación.

Y tampoco quiero dejar de mencionar otra etapa u otro momento culminante de este camino: cuando los de alrededor, entorno familiar por ejemplo, te miran con cara de "no pasa nada, a mí no me parece que estés tan gorda". Lo curioso de la mente es que al principio uno tiene clarísimo que está subiendo de peso de forma notoria porque, salvo que uno sea absolutamente idiota, el hecho de que no te entre la ropa, que cada vez marque más la balanza y otro sinfin de señales, indican claramente lo que pasa y más cuando no hablamos de aumentar cinco kilos. Pero luego de un tiempo (y más kilos) no se que mecanismos mentales (deben ser de autodefensa para no salir uno mismo a pegarse una paliza por nabo) entran a jugar que la gorda se empieza a creer aquello de que no pasa nada y no parece que estés tan gorda... Pero lo peor es cuando un día cualquiera, y en el medio de una discusión que generalmente está muy alejada de temas estéticos, de salud o de alimentos saludables, algún integrante de la ex banda no estás tan gorda, te espeta a la cara el asunto de la obesidad... La primera vez es como una corriente eléctrica, no sabés cómo llegó y cómo algo tan breve, un latigazo, te puede doler de esa manera (porque a esa altura ya el tema del peso y la comida hace rato que se te escapó...)
Llegará también la interrogante sobre si tu familia es amiga o enemiga.

En fin, como todo llega, para mí afortunadamente llegó el día de decir basta. No he podido avanzar mucho más en la práctica con la ronda de médicos y consultas porque aún me encuentro en casa sin salir. Llevo doce días de reclusión gracias a esta hernia de disco. Recién hace dos días que empecé a levantarme de a ratos y a partir de mañana puedo probar de comenzar a caminar un poco. Pequeñas pruebas para ver cómo responde la espalda, cintura y la pierna derecha que hasta antes de ayer aún se dormía por la presión en los nervios.

El próximo sábado tengo neurocirujano y ahí veremos cómo sigue esto pero la doctora que me ve en casa es optimista en cuanto a que con una buena higiene de columna y rehabilitación física el problema se subsanará sin mayores consecuencias.

La idea entonces es que la segunda semana de agosto pueda estar reuniéndome personalmente con mi médico cirujano y las doctoras que forman equipo trabajando el tema de la obesidad, una de ellas nutricionista. En ese momento veremos cuál camino y forma tomaremos para agarrar este toro por las astas. Por mi parte vengo leyendo todo lo que encuentro a mano para manejar opciones.

Vuelvo a lo del principio: es difícil entender al otro cuando uno no calza esos zapatos. Se puede hacer mucho bien solo con tratar pero también se puede herir profundamente con un simple comentario. Así como cuando yo era chiquilina muchas cosas no se manejaban como ahora, la obesidad no se veía como enfermedad y en muchos lugares tampoco se la ve como tal en la actualidad. Una enfermedad que no pasa sólo por la boca sino que, por lo menos en mi caso, se instaló sin permiso en la cabeza (y claro, luego de la cabeza se fue para todo el cuerpo...)

martes, julio 26, 2011

un nuevo comienzo

un mes de julio de hace ya un par de años publiqué lo que fue, a la postre, mi última entrada en el blog. en aquel momento se llamaba "los sospechosos de siempre" porque comenzó cuando yo estaba fuera de los medios y me dediqué a despuntar el vicio desde casa subiendo materiales, comentarios, notas e informaciones que, por distintas vías, llegaban y morían por ahí... incluso puedo decir, no sin cierto orgullo picaresco, que en el tiempo que duró "los sospechosos..." me di el gusto de publicar noticias que sacudieron la modorra del mundillo político local y las estadísticas del blog y el contador de visitas mostraban una interesante cantidad de lectores.

pero, siempre hay uno, la vida siguió y quiere la situación que este 2011 me encuentre, a mis 40 años, trabajando nuevamente en el medio de comunicación que mas placer me ha dado, FM Gente (www.fmgente.com.uy) como productora y periodista y también, fuera del plano laboral, este año me encuentra con mi familia a pleno, en un sinfín de actividades que rodean una casa habitada por gente entre los 4 y 40 y pico de años...

y así es que, por una circunstancia puntual que me aqueja en este momento, tuve que hacer un parate y durante las dos últimas semanas he tenido abundante tiempo de reflexión. he sacado varias conclusiones y debo decir que por más gruñona y desconforme que tiendo a ser, hay muchos aspectos de mi vida laboral y profesional que me encantan y realmente me dan placer y felicidad.
lamentablemente, en la columna de rojos y debes, hay algo y alguien que he abandonado de forma tal que si no actúo rápidamente voy a lamentarlo a corto plazo y mucho...

y ese alguien soy yo. así de simple. en la última década, y a medida que se han sumado miembros y nuevas actividades a la familia, yo iba pasando automáticamente al puesto anterior. no me quejo porque en esas circunstancias, y a la hora de las prioridades en esos momentos no quedaba otra. mis hijos, todos no importa la edad, siempre estarán al tope de mi lista. sus necesidades, actividades, horarios, y demás no admiten cualquier excusa para relegarlos a segundo plano. mi esposo, que tanto ha hecho por mi y esta familia en esta década, merece también adelantar unos cuantos casilleros porque conmigo siempre ha marchado al fondo que hay lugar.

no obstante, yo he llegado, luego de esta década de abandono hacia mi persona, a un punto en el que debo decir basta y tomar las riendas para dar un giro que estimo será beneficioso no sólo para mí sino para los que me rodean.

algunos se imaginarán a esta altura a qué me refiero. para los que no saben se los cuento: he pagado con mi cuerpo. me convertí, desde hace diez años, en gorda, obesa o persona con sobrepeso. todos mis aconteceres de la década, los buenos y malos, los felices y no tanto, se tradujeron en una sola cosa: comer.

comer para festejar, comer para calmar la ansiedad, el aburrimiento, los nervios. comer porque estamos con amigos pasando un buen rato o porque estamos de viaje y hay cosas ricas y nuevas para probar. comer porque estamos tristes y vamos a levantarnos el ánimo con alguna delicatessen y así sucesivamente... y qué lindo es comer, a mí me encanta. y por supuesto me encanta comer todo lo que está lejos de lo verde, lo light y lo sano. fácil es imaginarse para los que nunca me han visto en qué desembocó todo ese comer.

si bien tengo un sobrepeso interesante tampoco tengo una obesidad mórbida, no imaginen que peso 120 kilos o más pero estoy bastante cerca y para mi altura y resto del cuerpo puedo asegurarles que tengo ya un 50% más de mi peso normal de toda la vida. mi cuerpo hace un tiempo que viene dando señales de que ya no aguanta más la situación y yo he escuchado esas señales y hasta ahora preferí hacerme la sorda.

en los últimos días me envió la señal más fuerte de todas y es la que me mantiene en quietud y en el parate al que hacía referencia antes. por eso ayer tuve una charla que resulta definitiva en el nuevo "emprendimiento" que acometeré. estuvimos charlando con el médico y mi próximo proyecto soy yo. yo que todavía estoy sana, o en todo caso, no estoy tan sana porque el sobrepeso es una enfermedad, pero aún no tengo las complicaciones más serias que se van derivando del sobrepeso. no quiero llegar a tener diabetes, colesterol alto, problemas cardíacos, respiratorios y otra larga lista. quiero y debo actuar ahora.

por eso el título, que no es para hacer honor a ninguna película o saga hollywoodense, sino porque este martes de julio arranca una nueva etapa para mí y tengo la intención de documentarla en este blog.

hace un tiempo leí un blog de un chileno que contó su proceso físico luego de ser sometido a un bypass gástrico. anoche intercambiamos mails con él, que ya tiene cinco de años de operado, vive en África por trabajo, y goza de la vida con salud y plenitud luego de haber perdido más de cuarenta kilos. quiero mencionar el caso de ariel porque me sirve de ejemplo para el camino que iniciaré hoy.

en los próximos días subiré comentarios y empezaré a detallar las instancias que se vienen.