La vida cambia. A veces la vida debe cambiar.
Agosto trae el incio de ese cambio.
Veamos en que estoy: a raíz de este problema de columna, la visita a médicos, fisioterapeutas y otras especialidades se ha vuelto una actividad casi diaria. La próxima semana comienzo la hidroterapia dos veces por semana.
También tuve la primera consulta con la nutricionista y la internista para atacar el tema de la obesidad. Tengo que bajar cuarenta kilos (eso sería para volver a mi mejor peso histórico, meta que tal vez sea imposible así que me contentaré con 35).
A partir del próximo miércoles voy a unirme a un grupo de obesidad amén de empezar a ordenar las comidas, incluso antes de empezar una dieta propiamente dicha. Estas primeras semanas estarán dedicadas a poner en orden mi relación diaria con los alimentos y empezar a desterrar todos los malos hábitos: basta de comer entre horas, basta de llevar comida a la compu o a la cama, adiós a comer realizando otra actividad. Nada de comer porquerías entre comidas.
Hola a las frutas, a más verduras, bienvenida gelatina para las colaciones y muchos líquidos; anoche comí mi última hamburguesa casera estilo Alvaro (una de las especialidades de mi esposo...)
A su vez tengo otras consultas por delante: cardiólogo, cirujano, seguir con los neurocirujanos por la columna y realizar varios análisis de laboratorio, para nombrar lo que está más próximo en el tiempo. Hoy comencé un seguimiento de dos semanas de control de presión arterial, ayer estaba un poco alta pero en el primer control de esta mañana había vuelto a la normalidad.
Por lo tanto, voy en camino. El otro gran cambio es el de cabeza y estoy esforzándome por comenzar a pensar distinto. Hay que replantearse cuáles cosas son realmente las prioritarias, cuáles sirven como excusa para hacer o dejar de hacer y, además, lograr que otras personas entiendan en qué está uno ahora. No se si mi familia entiende aún en su totalidad lo que viene para adelante. Hasta ahora, y durante los últimos diez años, mamá se encarga de todo, es la responsable de la mayoría de las cosas prácticas de la casa y es la primera en dejar sus cosas de lado en pos de actividades, horarios o gustos de los otros. Ahora mamá quiere y debe reordenar su vida y más de una vez adelantar varios casilleros en la fila hasta quedar primera. Espero que no sea muy difícil de entender y acompañar.
Agosto trae el incio de ese cambio.
Veamos en que estoy: a raíz de este problema de columna, la visita a médicos, fisioterapeutas y otras especialidades se ha vuelto una actividad casi diaria. La próxima semana comienzo la hidroterapia dos veces por semana.
También tuve la primera consulta con la nutricionista y la internista para atacar el tema de la obesidad. Tengo que bajar cuarenta kilos (eso sería para volver a mi mejor peso histórico, meta que tal vez sea imposible así que me contentaré con 35).
A partir del próximo miércoles voy a unirme a un grupo de obesidad amén de empezar a ordenar las comidas, incluso antes de empezar una dieta propiamente dicha. Estas primeras semanas estarán dedicadas a poner en orden mi relación diaria con los alimentos y empezar a desterrar todos los malos hábitos: basta de comer entre horas, basta de llevar comida a la compu o a la cama, adiós a comer realizando otra actividad. Nada de comer porquerías entre comidas.
Hola a las frutas, a más verduras, bienvenida gelatina para las colaciones y muchos líquidos; anoche comí mi última hamburguesa casera estilo Alvaro (una de las especialidades de mi esposo...)
A su vez tengo otras consultas por delante: cardiólogo, cirujano, seguir con los neurocirujanos por la columna y realizar varios análisis de laboratorio, para nombrar lo que está más próximo en el tiempo. Hoy comencé un seguimiento de dos semanas de control de presión arterial, ayer estaba un poco alta pero en el primer control de esta mañana había vuelto a la normalidad.
Por lo tanto, voy en camino. El otro gran cambio es el de cabeza y estoy esforzándome por comenzar a pensar distinto. Hay que replantearse cuáles cosas son realmente las prioritarias, cuáles sirven como excusa para hacer o dejar de hacer y, además, lograr que otras personas entiendan en qué está uno ahora. No se si mi familia entiende aún en su totalidad lo que viene para adelante. Hasta ahora, y durante los últimos diez años, mamá se encarga de todo, es la responsable de la mayoría de las cosas prácticas de la casa y es la primera en dejar sus cosas de lado en pos de actividades, horarios o gustos de los otros. Ahora mamá quiere y debe reordenar su vida y más de una vez adelantar varios casilleros en la fila hasta quedar primera. Espero que no sea muy difícil de entender y acompañar.